Windows Vista PDF Imprimir E-mail
Escrito por César Monroy   
Lunes, 24 de Agosto de 2009 16:09

Aunque Windows Vista es indudablemente un mejor sistema operativo que cualquiera de los producidos anteriormente por Microsoft, no ha sido bien recibido por un segmento más o menos importante de los usuarios de computadoras en el mundo. Las razones son, desde luego, económicas... Windows XP tuvo una larga vida, lo que significó que los piratas informáticos lograron romper sus esquemas de protección y de todos los usuarios de computadoras que usamos este sistema operativo, un buen porcentaje corre copias piratas; por el contrario, Windows Vista viene dotado de un mecanismo de protección que todavía en la actualidad (a casi año y medio de haber aparecido) resulta difícil de violar.

Así, muchos de quienes usan copias piratas de Windows Vista se quejan de que sus equipos son lentos, inestables y no pueden instalar muchos programas con los que acostumbraban trabajar y divertirse. ¡Pero cómo no van a tener problemas, si están usando copias recortadas, mutiladas o de plano previas al lanzamiento del producto! Por el contrario, los usuarios legítimos de este sistema operativo no tenemos ningún problema: Windows Vista se puede instalar cada vez que sea necesario (lo que en mi caso, es frecuente) y, en su modo de compatibilidad con versiones anteriores, permite ejecutar aplicaciones heredadas de tiempos remotos. Es cierto que algunas aplicaciones que quieren controlar directamente el equipo no son bien recibidas por el sistema operativo, pero ello es normal y, en todo caso, los fabricantes de programas han liberado ya versiones que son compatibles con Windows Vista. Por ello, cuando alguno de mis lectores comienza a quejarse sobre alguna funcionalidad que no hace lo que se supone, mi primera pregunta es: ¿está usando una versión original del sistema operativo? Y es que si no es así, el proceso de diagnóstico tiene por fuerza que ser diferente.

Pero no todos los detractores son usuarios de copias piratas infelices con el desempeño de un producto comercial que no quieren pagar; no, también están los que se muestran reacios a aceptar los cambios (perfectos ejemplares de los luditas de antaño), quienes aborrecen cualquier cambio de paradigma o, incluso, la más leve novedad en las herramientas que con tanto esfuerzo intelectual han logrado aprender. Éstos últimos no gustan de Windows Vista por la simple y llana razón de que tiene una interfaz muy diferente a la que están acostumbrados a usar. ¡Nada más fácil de resolver! Basta con seleccionar el tema de Windows clásico para quitar todas las monerías de Windows Vista! De hecho, el escritorio es tan clásico que hasta los usuarios del añejo Windows 2000 se sentirán en casa (aunque todas las prestaciones del nuevo sistema operativo siguen presentes).

Otros dos grupos de detractores de Windows Vista son los evangelizadores de Linux (para quienes cualquier usuario que no use Linux debe ser un completo retrasado mental) y los que simplemente odian a Bill Gates por haber hecho más dinero del que ellos verán en toda su vida. Pues sí, Linux es un concepto interesante, pero no pasa de ser eso: un mero concepto que funciona bien en condiciones ideales, aunque es raro que cualquier equipo de cómputo trabaje bajo ese esquema ideal. Mientras no exista una base de usuarios respetablemente alta, soportada por un número igual de desarrolladores altamente capacitados, Linux continuará siendo un sistema operativo para que los chicos universitarios tengan algo con qué llenarse la boca al decir que han desarrollado algo (o al menos, que están colaborando en la comunidad, aunque no sea lo mismo). En cuanto a los alegatos del último grupo, éstos caen bajo el esquema de una falacia ad hominem y ni siquiera tienen que ser considerados con seriedad: las cosas son como son por las circunstancias, no por las personas.

En todo caso, Windows Vista es el mejor sistema operativo que existe en la actualidad (al menos en lo que a computadoras personales se refiere) y hay pocas perspectivas de que Microsoft deje de tener supremacía absoluta en este mercado. Las estadísticas así lo señalan: nueve de cada diez equipos de cómputo que se venden hoy en día, vienen con Windows Vista instalado en alguna de sus presentaciones. Y este es el milagro de Windows Vista: que tanta gente hable mal de él y, sin embargo, siga siendo tan popular.

 
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Escrito por César Monroy   
Viernes, 21 de Agosto de 2009 03:03

¡Le damos la más cordial bienvenida a Literalia y esperamos que su visita sea tanto útil como placentera para que regrese a menudo!

Literalia es un proyecto que nació hace ya muchos años, cuando nos desenvolvíamos en el ambiente editorial y veíamos con cierta preocupación y desagrado que la industria comenzaba a adoptar una perspectiva consumista de la ciencia y la tecnología, el área en la que estábamos involucrados por aquel entonces, pero aparentemente sucedía lo mismo sin importar la clase de literatura que se tratase. Quizá la idea de masificar la cultura (sí, como si de tortillas se tratase) no fuera tan mala, sino que la manera de lograrlo era lo que entonces se cuestionaba.

No era posible, por ejemplo, que México quisiera competir contra mercados que tradicionalmente consumían más libros recurriendo a la literatura predigerida o “light”, porque significaba cambiar la calidad por cantidad, por un lado, y también porque históricamente ha quedado demostrado que muchas joyas de la literatura universal no fueron juzgadas tan favorablemente por sus contemporáneos, por el otro. Sin embargo, dicho esquema funcionó (al menos al principio) y la industria editorial cambió rápidamente para dejar de llenar vacíos culturales y dedicarse a crear nichos comerciales. Fue precisamente la época de cuando una que otra editorial se llenaba la boca diciendo que uno (o varios) de sus títulos eran de los más vendidos. Y quizá lo eran, pero no precisamente por la calidad de su contenido, sino porque utilizando la siempre gris mercadotecnia publicitaria comenzaron a vender productos inútiles, pero que prometían agrandar nuestro ego o hacernos pertenecer al grupo de los triunfadores.

Recuerdo incluso una frase muy sonada: la cultura también puede ser negocio… Lo malo es para que algo sea negocio, debe ser rentable. Así, la industria editorial se convirtió en un buen negocio para vender libros, a los que cada vez se les quería ganar más. Esta conducta inflacionaria, desde luego, tuvo como efecto secundario que la gente leyera cada vez menos y como ya no se vendían tantos ejemplares, los precios de los libros aumentaron. Todo con el fin de que la industria editorial siguiera manteniendo sus márgenes de ganancia.

Y mientras tanto, tanto autores como lectores sufríamos la escasez. Los primeros, porque cada vez menos editores estaban dispuestos a publicar sus obras; los segundos, porque dentro de tanta literatura masificada no encontraban libros con los contenidos deseados a precios accesibles. Sin importar qué tan buena fuera la obra, si no garantizaba vender por lo menos cinco mil ejemplares el primer año, no era un negocio que interesase a ningún editor.

Quizá donde este exceso de títulos irrelevantes fue más aparente fueron las áreas de informática, computación y sistemas. A  alguien se le ocurrió que se podrían reescribir los manuales de usuario de algún programa y así vender algo que era gratis. Nuevamente tuvo éxito esta estrategia y de la noche a la mañana las librerías comenzaron a comprar más estantes para exhibir todos los libros de computación que comenzaron a aparecer. Incluso se llegó al exceso de dejar en caja otros títulos de literatura, como ensayos y novelas, porque no tenían espacio para ellos y, por otro lado, los libros de computación se vendían muy bien.

Se formó una burbuja inflacionaria que eventualmente estalló creando una verdadera crisis dentro de la industria editorial, que para entonces se había vuelto obesa y perezosa. Muchos gobiernos recurrieron a estímulos fiscales y subsidios tratando de sacarla adelante, pero lo cierto es que el paradigma cambió y en la actualidad la tendencia es la de ya no leer. Bueno, mejor dicho, a ya no comprar costosos libros impresos…

Y es que mientras la industria editorial tradicional buscaba cómo llenarse los bolsillos, los avances tecnológicos convirtieron en realidad el sueño de todo lector contumaz: poder pedir prestado casi cualquier libro para leerlo sin tener que comprarlo. Al instante se formaron grandes bibliotecas en línea que ponían a disposición de sus visitantes cientos de miles de títulos completamente gratis. Muchas obras de la literatura clásica –de esas que nos obligaban a comprar para leer en el colegio– habían perdido los derechos que sobre ellas tenían los editores y así se convirtieron en propiedad del dominio público.

Las editoriales contraatacaron, desde luego. Buscaron que se aprobaran leyes más restrictivas que normaran lo que podemos hacer y no con los libros que compramos; si no se llegó al grado de prohibir que los prestáramos, fue porque los legisladores se dieron cuenta de que algunos de esos proyectos de ley atentaban contra el concepto mismo del uso y usufructo de la propiedad privada. Todavía en la actualidad, la lucha continúa en varios frentes y el conflicto ha causado numerosas bajas entre quienes quieren que leamos solo lo que ellos venden y quienes argumentan que la propiedad intelectual debería ser abolida porque atenta contra el libre flujo del conocimiento.

Lo curioso del asunto es que dentro de todo este embrollo filosófico, legal y hasta ético, las necesidades de quienes nos encontramos a ambos extremos de la “cadena de producción”, no han sido consideradas. Preguntan tan fundamentales como las de qué quiere un escritor o qué quiere un lector han quedado relegadas al olvido mientras se busca un punto de equilibrio entre productores y consumidores.

Pero quienes escribimos, no somos productores de manuscritos, ni quienes leemos somos consumidores de libros… Somos, eso sí, gente común y corriente que cree tener algo bueno que aportar, por un lado, o que necesita adquirir algún conocimiento con fines prácticos o incluso lúdicos, por el otro. Al final, todo se reduce al concepto fundamental de que quienes escribimos queremos que nos lean, y quienes leemos queremos que alguien escriba. Todo lo demás es secundario a este concepto fundamental.

Los verdaderos autores no escribimos por el dinero que nuestras obras nos harán ganar, sino porque encontramos (o creemos haber encontrado) algo que nadie ha dicho o una manera diferente de decirlo, y estamos convencidos de que nuestra aportación será de utilidad para otras personas; los verdaderos lectores, leemos porque buscamos cubrir una necesidad básica y existencial, incluso cuando lo hacemos por pose o para pasar el rato.

Cierto es también que todo escritor al considerar su actividad como un oficio, comience a anhelar que mediante su pluma y talento sea capaz de cubrir sus demás necesidades existenciales, pero eso viene después, cuando ha sido leído. Porque un escritor inédito es apenas una posibilidad sin concretar, un sueño por soñar…

Y aquí es donde entra en escena Literalia.

Somos una editorial electrónica orgullosamente mexicana ubicada en el Puerto de Veracruz con una propuesta novedosa, fresca e interesante tanto para escritores como para lectores. A diferencia de las grandes empresas editoriales tradicionales, no nos mueve el ánimo de lucro. No juzgamos el valor de una obra en metálico y, por lo mismo, no estamos obligados a publicar los trabajos solo de aquellos autores que nos garanticen obtener una ganancia generosa para mantener la pose de que la cultura cuesta.

Queremos publicar obras de cualquier género y dejar que los lectores juzguen la calidad de las mismas; si los autores quieren escribir y los lectores quieren leer, Literalia puede encargarse de la promoción, distribución y, en su caso, comercialización de las obras. Bajo la premisa de que un autor leído es un autor conocido, nuestra casa editorial es la opción ideal para quienes han soñado escribir y publicar algo, pero que han encontrado cerradas las puertas de las editoriales tradicionales porque o bien el tema es poco comercial o el autor es desconocido, algo que en cualquier caso no garantiza que se vaya a recuperar la inversión inicial.

Así pues, sea usted autor o lector, queremos darle la bienvenida a nuestro sitio e invitarlo a que participe de nuestro sueño.

¡Gracias!

Última actualización el Sábado, 22 de Agosto de 2009 19:25